Jugar con los sonidos: lo que quince estudios revelan sobre el autismo y la conciencia fonológica
Tres investigadoras brasileñas reunieron quince estudios sobre cómo se mide, en la infancia autista, la capacidad de jugar con los sonidos de las palabras. Te contamos qué encontraron, qué no pueden afirmar todavía y qué llevar a casa.

«Pa-ta-ta», «sol rima con caracol», «¿qué cosa empieza como mamá?». Mucho antes de abrir un libro, las niñas y los niños se divierten partiendo nombres en trocitos, buscando rimas y reconociendo el primer sonido. Ese pasatiempo se llama conciencia fonológica y es uno de los cimientos de la lectura. Una revisión publicada en 2026 en la Revista Psicopedagogia (Brasil) quiso saber con qué herramientas se mide en la infancia autista y qué muestran. Su conclusión: lo que se observa depende mucho del instrumento elegido, y aún faltan pruebas pensadas para la diversidad del espectro.
Qué estudiaron
Se trata de una revisión sistemática con metanálisis: un trabajo que rastrea con método lo publicado sobre una pregunta y combina las cifras de varios estudios para obtener un resultado conjunto. La firman Alessandra Cristina Vieira de Araújo, Carla Alexandra da Silva Moita Minervino y Filomena Maria Gonçalves da Silva Cordeiro Moita, de las universidades federales de Paraíba y de Rio Grande do Norte y de la Estatal de Paraíba (Brasil). Siguieron la metodología Cochrane y la guía PRISMA, e inscribieron el protocolo de antemano en el registro internacional PROSPERO.
A mediados de 2024 exploraron cuatro bases de datos (ERIC, Google Scholar, SciELO y Periódicos CAPES) en busca de investigaciones aparecidas entre 2014 y 2024, en inglés, español o portugués, que midieran esta habilidad en niñas y niños autistas menores de ocho años y, cuando era posible, la compararan con la de pares neurotípicos. De 95 registros, tras descartar 27 y revisar los 68 restantes, 15 cumplieron los criterios: doce redactados en inglés; los demás, en portugués. Seis venían de Estados Unidos, cuatro de Australia, tres de Brasil, uno de Canadá y otro de Israel. Una segunda revisora verificó cada paso, y la calidad se juzgó con escalas reconocidas (Newcastle-Ottawa y GRADE).
Qué encontraron
Lo primero que mostró la revisión es la variedad de instrumentos. Los más usados fueron dos baterías estadounidenses de alfabetización inicial para preescolares, el PALS-PreK y el TOPEL; en los trabajos brasileños apareció el CONFIAS, adaptado por los equipos al público autista. Entre las destrezas medidas destacan la rima, la aliteración (comienzos que suenan igual), reconocer sílabas, quitarle un trozo a una palabra y unir partes sueltas.
Con los estudios que incluían un grupo de comparación, las autoras hicieron tres metanálisis:
- El conjunto, como exploración. Al reunir ocho trabajos, el grupo autista obtuvo puntuaciones más bajas en la primera medición (p = 0,005), pero la diferencia no se repitió en la segunda, quizá por un estudio cuyo punto de referencia eran otros participantes del espectro. La dispersión entre resultados era enorme (I² = 89 %), así que el tamaño del efecto no es preciso.
- Con el TOPEL, el análisis principal. En cinco estudios, la distancia frente a los pares neurotípicos fue estadísticamente significativa (p = 0,0001; efecto combinado de −1,18). Incluso los trabajos cercanos a la línea de «sin diferencia» mostraban promedios algo menores. Aun así, la heterogeneidad seguía alta (I² = 77 %): el espectro abarca perfiles muy distintos, y también cambian los países, las culturas y los sistemas escolares.
- Con el NEPSY-II, como complemento. Esta batería neuropsicológica de uso general solo contaba con dos estudios, y allí la brecha no resultó significativa (p = 0,38; efecto de −0,24). En uno de ellos, con escolares mayores, ambos grupos puntuaron parecido. Las autoras advierten que eso no demuestra la ausencia de un efecto: los datos eran escasos.
La lectura de fondo es que, según qué se mida y cómo, una misma destreza puede parecer algo que aún cuesta o una fortaleza. En la discusión, el artículo recoge además ideas de investigaciones previas. Algunas niñas y niños autistas no se expresan con la voz, otros comienzan a decir palabras más tarde, y hay quienes conversan sin retraso pero encuentran difícil comprender textos. Un estudio con 81 lectores del espectro identificó cuatro perfiles distintos. Otra investigación, con 18 escolares autistas, observó que en ellos jugar con los sonidos se relacionaba más con el razonamiento perceptivo (el que resuelve problemas sin palabras) que con las capacidades verbales. Y se citan avances modestos cuando esta habilidad se trabaja de forma específica a lo largo del curso.
Lo que todavía no se sabe
El propio artículo enumera sus límites:
- Hubo pocos estudios y con muestras pequeñas; las autoras piden investigaciones más amplias.
- Dos de los tres metanálisis tuvieron una dispersión superior al 50 %, en parte por diferencias en cómo dos trabajos registraron sus datos.
- Ninguno publicó resultados por destreza (rima, sílabas…), de modo que solo se pudo comparar una puntuación global, sin saber qué parte concreta resulta más difícil.
- El PALS-PreK, uno de los instrumentos más usados, quedó fuera del cálculo porque esas investigaciones carecían de grupo de comparación. Faltan, además, estudios brasileños y herramientas adaptadas y traducidas.
- Para el NEPSY-II no había datos de preescolares, y hubo que incluir un trabajo con alumnado mayor.
- Nadie ha comprobado todavía si lo aprendido se mantiene y se traslada a la vida diaria; un estudio sueco de 1995 vio que lo ganado con un programa informático se diluía con el tiempo.
- En la escala GRADE, los estudios observacionales parten de una certeza baja; el equipo optó por no rebajarla más, aunque algunos no tenían grupo de comparación.
Qué podemos llevar a casa
- Sonidos dentro de la rutina. No hacen falta hojas de ejercicios: rimas mientras se ponen los zapatos, una palmada por cada sílaba de la fruta que van a comer («plá-ta-no») o adivinar qué objeto de la cocina empieza con «m».
- Apoyarse en lo que se ve. Si en algunos niños autistas esta habilidad descansa en el razonamiento perceptivo, sumar imágenes, objetos o gestos ayuda: una tarjeta con la manzana mientras dices «man-za-na», una piedrita por cada sílaba.
- Poco y a menudo, sin juzgar por un solo resultado. Lo conquistado necesita repetición para mantenerse, y una puntuación aislada no define a tu hijo o hija: según la prueba, la misma destreza parece distinta. Observa qué hace ya y parte de ahí.
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Esta revisión deja dos ideas que guían nuestra mirada. Jugar con los sonidos de las palabras es un cimiento temprano de la lectura y, según los trabajos que reúne, se fortalece con práctica sostenida. Además, una misma habilidad puede parecer más o menos lograda dependiendo del instrumento con que se observe, y el espectro abarca perfiles muy diversos. Por eso en TAEO | EdTech no partimos de una etiqueta ni de la edad.
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